Unas por otras

Las familias siempre me han parecido interesantes, no por el gran amor que haya entre ellas, no porque sean el pilar de la sociedad propuesta por la Iglesia Católica y por el ex procurador Ordóñez. Me interesan por ser los lugares donde más problemáticas, más violencia y más conflicto puede haber. Porque tal y como decía mi abuela “En cada familia se cuecen habas”. Y es que precisamente son estas enseñanzas las que hacen que tengamos cariño hacia nuestros familiares, son las experiencias, los recuerdos, todos los momentos que nos hicieron felices.

Todos esos momentos deberían ser los que nos motiven para cuidarlos en el momento en que se requiera. De acuerdo con el estudio ‘Participación de los adultos mayores en las economías de mercado y del hogar en Colombia’, dirigido por Stefano Farné, director del Observatorio del Mercado de Trabajo y la Seguridad Social de la Universidad Externado; ocho de cada 10 ancianos no tienen pensión en Colombia y el 22% vive en condición de pobreza.

Pero la lógica es yo te cuido para que tú me cuides, es decir, unas por otras. Siempre he pensado que esta es una de las principales razones por las que se decide tener hijos, además de toda esa experiencia parental y emocional que pueda ofrecer tener un bebé que llore la mayor parte del día, repetir la rutina de madrugar para llevarlos al colegio, tener listo el almuerzo o en estos tiempos, conseguir el dinero para pagarle a la niñera. Todo por un único fin, que cuando la madre o padre envejezca no se quede solo, pueda contar con que sus hijos, sus amados hijos, estarán presentes para cuidarlos y tenerles la misma paciencia con las que ellos los criaron.

Esa sería la lógica. Sin embargo, cuando llega el momento más rápido se busca el ancianato que las soluciones. Porque cuando existen las excusas, lo que se necesita es la casualidad para usarlas. Llega el punto en que no se menciona a papá y a mamá es a mi viejo y a mi vieja. Los dos seres humanos que reciben más medicinas que amor diariamente.

No hay que apartarse del hecho que cuando los hijos crecen, crean su hogar y que en cada uno de ellos puede haber inconvenientes y las prioridades cambian. Si los hijos viven fuera del país, si están lejos por causas económicas, si el trabajo no les permite tener tiempo para visitar a sus padres y si… Millones de cosas pueden pasar dentro de una familia, porque si lo pensamos cada uno tiene es parte de un rompecabezas que solamente se complementa cuando se ve todo el panorama. Y entonces ¿Cuál es ese panorama?, es el momento en que no se puede hacer lo que se desea, en que se dedica más tiempo al trabajo que a los que se quiere y esto es algo que también se debe entender. Y aquí es cuando cambia la lógica; porque si trabajo tengo dinero, si tengo dinero puedo alimentar a mis hijos y si los alimento estoy cuidando a mi familia, una nueva, que voy construyendo poco a poco, la que viene a complementar a la anterior. Entonces acá es cuando sale del corazón decir: ¡Al carajo la lógica! En el momento de la familia la lógica no interesa, y así suene cursi, interesa es el amor. Ese amor que nuestros padres tuvieron al criarnos, ese amor que motiva para ir por los hijos al colegio, ese amor que hace que se logre organizar el tiempo y entender que como los queridos viejos, nosotros también llegaremos a ese momento. Un calendario, permisos extracurriculares, muchas bebidas energéticas y amor es lo que hará que todas las excusas y los problemas se acaben y se pueda decir: Yo te cuido, no porque me cuidaste, ni porque sea unas por otras, sino porque te amo.


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