La madre

Bogotá, 1993, Martha camina las desoladas calles de la fría ciudad, buscando una explicación, preguntándole al cielo por qué no le da el regalo que tanto pide y merece. Preguntando, sí, a sí misma, interiorizando sus deseos de ser madre. Desde pequeña fue su sueño, así, ella, una sordomuda que sufrió bullying en el colegio, que se prometió que cuando fuera mayor tendría a alguien a quién amar y cuidar, pero sobretodo proteger.

No le importaba el género, no le importaba si era 1, 2 o 3. Si su familia sería ella sola con su bebé. Lo que importaba era recorrer esas calles de la mano de alguien más, alguien que fuera sangre de su sangre.

Cuando creció la vida le otorgó un esposo cariñoso y trabajador, alguien que la amaba y se preocupaba por ella, pero ella quería más, quería satisfacer aquel deseo que tenía: un hijo, solo pedía eso.

Y la vida, en su cruel juego se lo otorgó, Martha fue la madre de un hermoso varón, un pequeño que le ponía color a las pálidas calles bogotanas, un niño que lloraba fuertemente y a quien ella le entregaba todo su amor.

Todo era para el niño, sus sonrisas, sus besos, no importaba su discapacidad, él era su mundo, su ilusión, su alegría. Era su todo.

Un día el esposo de Martha tuvo que hacer un viaje de negocios, ella se quedó en la casa con su pequeño, feliz, cuidándolo, abrazándolo, dándole mucho amor, demasiado amor. El suficiente para dormir con el bebé en la misma cama, tanto amor que cansaba, Martha esa noche se quedó dormida sin percatarse que el bebé estaba muy cerca de ella, demasiado cerca. Al ser sordomuda, Martha no escuchó los llantos de su bebé, quien moría lentamente al ser ahogado por el cuerpo de su madre.

La mañana siguiente Martha encontró el cadaver a su lado, las lágrimas no eran suficientes para expresar su dolor, su impotencia. Su esposo llegó ese día, lloró con ella y juntos enterraron a la criatura, pero ¿Quién puede entender el dolor de una madre? Nadie. Martha se había convertido en un muerto viviente. Cuando una madre pierde a su hijo ella muere en vida con él. Martha fue la madre que nunca pudo ser madre.

A veces la vida nos demuestra que hay momentos en los que no sabemos qué hacer con tanto amor, tanto amor puede sofocarnos, tanto amor puede dañarnos, tanto amor puede rompernos.


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