Una herencia de sangre

Fómeque, 2013. A la familia Osorio los une el amor, los asados, las festividades y el apellido. Cada miembro tiene gustos diferentes, cualidades específicas y como en toda familia problemas que deben ser solucionados. Pablo es el hermano de Francisco, ambos son el inicio de la expansión familiar.

Francisco decidió irse para Bogotá, allí tuvo a su esposa e hijos; mientras que Pablo decidió quedarse en el pueblo, un lugar lleno de tranquilidad y emprendimiento cervecero. Allí conoció a su esposa Ana y fue amor a primera vista, juntos se enamoraron y fue poco tiempo para que empezaran a dejar muestras de ese amor. Cinco hijos fueron los que les dejó ese hermoso matrimonio, cinco hijos unidos por el cariño, el trabajo y la sangre.

Y sí, esta historia no es de Francisco, ni de Pablo, ni de Ana, es de esos hijos, todos trabajadores, soñadores y herederos de una maldición: Alejandro, Pedro, Antonio, Felipe y Marcos.

Al principio parecía una casualidad, primero fue Alejandro, el mayor. Luego fue Pedro y Antonio. Los tres, hombres que con gallardía daban lo mejor de sí mismos a los demás. Todos, muertos antes de cumplir sus 50 años; cuando murió Alejandro por cáncer de colon fue lamentable, sus hermanos lloraron su partida, sin saber que ellos eran los que seguían.

En el caso de Pedro, su esposa quedó con los preparativos de su cumpleaños número 50. Cuando murió, en la autopsia descubrieron que la causa había sido cáncer de colon, pero a diferencia de su hermano todo fue más rápido. Antonio sudaba frío y comentaba con sus dos hermanos restantes la situación. Eso ya no era una casualidad, eso era una herencia, una herencia de sangre.

Y Antonio no se equivocó, murió antes de cumplir sus 50 años, todo por una herencia que ni él, ni sus hermanos deseaban. Lo curioso fue que su padre Pablo nunca les comentó nada de eso. Los médicos no sabía cuál era la causa, solo sabían que era por constitución genética, por ADN.

Nadie sabe lo que el futuro puede traer, pero lo que sí es cierto, es que Felipe y Marcos viven cada año como si fuera el último y aunque aún se niegan a aceptarlo saben que la probabilidad para que ellos cumplan los 50 años es mínima. Entonces decidieron aceptar su herencia, aprovechar lo que les queda, porque para ellos el tiempo se está acabando.

No sabemos qué nos depare el futuro. No sabemos si viviremos mañana, vive intensamente como si cada día fuera el último de tu vida. Todo se puede negar, menos la sangre, la cuestión está en disfrutar, aceptar y vivir.


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