Más que una pérdida

Bogotá, 1996. Marcos está enamorado, sus pupilas dilatadas, sus manos sudorosas, su corazón acelerado y ese sentimiento de ahogo y excitación al mismo tiempo hacen que se delate. Andrea lo sabe, lo ve fijamente y con sus suaves manos acaricia su rostro para recalcar lo importante que él es para ella. Juntos se hunden en un abrazo de amor, fuerte y a la vez delicado, un abrazo que será el inicio de una relación de pareja de 10 años.

Lo único valioso que poseen Andrea y Marcos es su amor, el dinero escasea y en ocasiones deben recurrir a préstamos, pero logran sobrepasar cada obstáculo. Andrea vive en un apartamento en el centro de la ciudad, un lugar rodeado de edificios y vendedores que se convierte en el País de las Maravillas cuando Marcos la visita.

Pasa el tiempo, ese gran amor crece y la situación económica mejora, Andrea mira a Marcos y ambos saben que es momento de dar el paso, que su matrimonio debe consumarse de manera tangible y es así como Andrea queda embarazada. Según los doctores, Andrea tendrá un bebé sano y grande. Una cosa muestran las ecografías, pero otra siente el cuerpo de Andrea.

Ella no le comenta a Marcos las dolencias para evitar preocuparlo, pero una noche cuando ve lentamente la sangre recorrer por sus piernas sabe que algo está mal. Andrea despierta a Marcos, pero ya es muy tarde, al llegar al hospital Andrea ha perdido su bebé.

Días, semanas, meses y años. Todo el tiempo pasó y ambos se recuperaron de aquella pérdida, Andrea aún tiene una marca en su corazón y en el suelo todavía reposa la mancha de sangre que dejó su cuerpo esa terrible noche. Pero Marcos todavía ve a Andrea con sus pupilas dilatadas, la ama, aún más que antes.

Sin planearlo Andrea vuelve a quedar embarazada, esta vez ambos prometen tener los cuidados y hacer lo que sea necesario para que todo salga bien, pero la vida es un juego de ajedrez y para ellos la reina siempre estaba en peligro.

Fue un domingo lluvioso cuando Andrea perdió a su segundo bebé, los médicos no pudieron darle una explicación, nunca se supo qué sucedió, esta vez no hubo sangre, solo dolor emocional, de Andrea y un Marcos que ya la miraba con otros ojos.

Como si fuera un juego de azar ambos quisieron jugar ‘La tercera es la vencida’ e intentaron por última vez engendrar una vida. Andrea tenía siete meses de embarazo, los ojos de Marcos volvieron a dilatarse, abandonaron aquel apartamento de Andrea y se trasladaron a una casa, grande, con la habitación de ellos y la del niño; la pintaron, la decoraron y estaban más que preparados. Tuvieron todas las precauciones, cualquier dolor que Andrea sentía era una alerta para ir al hospital. Hasta que el anhelado día llegó, a los nueve meses Andrea empezó a tener contracciones y juntos llegaron a la sala de cirugía.

Por los antecedentes de Andrea, Marcos no pudo estar en el momento del parto, tuvo que esperar en la sala mientras su esposa pujaba y luchaba por la vida de su bebé y la de ella. Con Andrea habían tres enfermeras, un doctor y un practicante. Todos pendientes de ella o casi todos.

Andrea estaba delirando, mareada y agotada pero usó todas sus fuerzas para pujar y poder dar a luz al pequeño. Los ojos vidriosos de Andrea y el mareo no le permitieron ver bien el niño, pero sus oídos escucharon su llanto, un sonido que para ella era equitativo a escuchar a los ángeles cantar. Pasaron segundos y Andrea se desmayó.

Cuando volvió a abrir sus ojos se encontró con Marcos, que tenía sus ojos rojos y la miraba lleno de desilusión y un poco de mal genio. Andrea le preguntó por su bebé, por su niño y la respuesta de Marcos hizo que ella deseara morir: “El niño nació muerto”, esas fueron las palabras que hicieron que Andrea colapsara, golpeando las almohadas, parándose de la camilla, gritando con todas sus fuerzas y recordando el parto volteó a mirar a Marcos y le preguntó cómo era posible, si ella había escuchado su llanto.

Marcos culpó al mareo y le dijo que las dos enfermeras le habían dicho que el niño había muerto en el parto. ¿Dos enfermeras? Entre lágrimas y desespero Andrea le explicaba a Marcos que con ella habían tres enfermeras y continuaba preguntando por su bebé, el cuál para evitar el dolor de la madre nunca se lo entregaron muerto. El doctor decía que era lo mejor para ambos y que en casos así lo más adecuado era que ninguno viera el bebé. Marcos lo creyó y nunca reclamó el cuerpo y aunque Andrea suplicara, en el hospital le decían que su bebé ya había sido cremado con autorización de Marcos.

Hasta el día de hoy Andrea asegura que su bebé se lo robó una de las enfermeras, que ella escuchó el llanto del niño. Marcos se divorció de Andrea y formó un hogar con una nueva mujer, ahora tiene dos hijos y no ha vuelto a saber de Andrea.

¿Qué es real? ¿Puede nuestra mente jugar con nosotros? Nadie sabe completamente la verdad, nuestros sentidos pueden mentirnos y fallar, pero nuestro corazón no. Un instinto puede ser más fuerte que todas las pruebas del mundo. Una vida vale oro.


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