Patria

Bendecidos sean aquellos que entre la urbe nacieron, que nunca han tenido que ver cómo matan a sus viejos; bendecidas las madres cuyos hijos están vivos, que pueden jugar, correr y soñar sin ser perseguidos.

Salve la ignorancia, la desobediencia y las apariencias, porque qué nos importa la sangre ajena. Aquel que entre sus comodidades se refugia, la empatía le repugna y prefiere levantar el cuello antes que agachar la mano hacia el que se supone y por su misma religión debería ser su hermano.

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