Por ti

Güepsa, 1965. Dicen que cuando un hombre se enamora de verdad puede llegar a perder la cordura, pero solamente cuando lo siente en el corazón, porque podrán haber miles de amoríos pero un solo verdadero amor. Ciro es uno de ellos, es muy distinto a los hombres de su región, él no es machista, por el contrario ama a las mujeres, bueno a una en particular.

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Traicionera

Palmira, 1965. En Colombia los hombres valen por lo que tienen y eso incluye a la mujer con la que están. La mujer en cambio, vale por su marido, no por lo que logra, no por lo que tiene, simplemente por la vida que su esposo le pueda ofrecer.

Mario es el esposo de Clara, no es que lleven mucho tiempo pero para él, ella es su mayor posesión. Clara por su parte no ama a su marido, simplemente estaba pactado que estuviera con él y ella tuvo que aceptar su cruel destino.

Ella, una mujer voluptuosa, hermosa, coqueta y con ganas de comerse el mundo a punta de bailes, conversaciones, besos desenfrenados, canciones en radiolas y pequeños tragos ofrecidos por pretendientes hambrientos de probar un poco de su cuerpo juvenil.

Él, un hombre militar que estaba prestando servicio a dos pueblos de donde se encontraba su esposa. Cuando volvía de cumplir con su misión besaba fuertemente a su esposa, pero no con amor, sólo era para reclamarla como suya una y otra vez. La invitaba a sitios elegantes solo para presumirla con sus amigos y aunque en el pueblo los ojos siempre estaban puestos en los dos, no era por la razón que Mario imaginaba.

Ambos estaban sumidos en una realidad que los obligaba a aparentar, pero aún así seguían con su farsa que tarde o temprano acabaría con la vida de alguno de los dos.

Cada vez que Mario se iba a cumplir su servicio dejaba a su esposa con un beso en la boca y como buen militar atendía las órdenes aprendiendo de esta manera disciplina, inteligencia de operaciones, defensa personal, manejo de armas y cómo matar.

Cuando Mario se iba, Clara era la primera en correr hasta la ventana para asegurarse que su esposo estuviera lo suficientemente lejos para quitarse la ropa, maquillarse, peinarse y vestirse de nuevo con un traje un tanto más provocativo.

Mientras Mario disparaba y aprendía en tiro al blanco, Clara salía con sus mejores zapatos sin importar lo que pensara la gente, se iba al mejor bar del pueblo para transformarse de princesa encerrada en hembra liberada.

Clara bailaba con los hombres que le parecían más atractivos y aquellos que se atrevieran a ello, pues todos sabían quién era el marido de ella y el peligro que corrían.

Mario por su parte se había vuelto experto en manejo de armas y cuando volvía de cada misión, se encerraba con Clara para recalcarle qué tal como había manejado el rifle podía manejarla a ella.

Un trágico día Mario estaba en el campo entrenando con su compañeros, cuando uno de ellos bromeó sobre el paradero de Clara, Mario mirándolo muy seriamente le dijo que con eso no se bromeaba y la respuesta que obtuvo de su compañero fue que él debía aprender a controlar a la mujer, a su mujer.

Mario enfadado arremetió contra el hombre y lo golpeó en el rostro. Sus compañeros lo pararon como pudieron y le dijeron que aquello que tanto lo molestaba era verdad y que si no les creía él mismo podía ir a comprobarlo en el bar del pueblo.

Rápidamente Mario pidió un auto y fue hasta el pueblo, no sin antes pasar por el salón de armamentos primero.

Lo primero que vieron sus ojos enrojecidos aquella noche en el bar fue a Clara, su mujer sentada en una mesa entrelazando los dedos con un hombre quien lentamente se acercaba acariciándole el cabello y la besaba en los labios.

Fue allí cuando Mario se abalanzó sobre ellos y tomó el rifle. Esa noche se escucharon seis disparos, uno tras otro, todos contra la cabeza de Clara, quien caía sobre la mesa llena de botellas de cerveza y las empañaba con su sangre. El hombre que la acompañaba tomó las de Villadiego, nadie hizo nada, todos miraron a Mario quien bajó el rifle y salió con cautela del lugar.

Al día siguiente fue el mismo Mario quien se presentó en la policía para entregarse, aclamando que había matado a su esposa por ser una traicionera.

A Clara la enterraron, pero casi nadie la lloró, los hombres que habían compartido con ella se habían abstenido de ir al cementerio, solo por miedo a las represalias que pudiera tomar Mario.

Él, por su parte, pagó seis meses de cárcel y salió libre, pues su abogado alegó que estaba en intenso dolor y sufrimiento por la traición de su esposa y que por eso él no era culpable de lo que había sucedido, era su duelo y él tenía que terminarlo a su manera.

Cuando nos dejamos llevar por aquellos demonios que nos persiguen y atacan diariamente estamos perdiendo la batalla, los celos pueden destruir familias, amistades, relaciones y vidas ajenas o propias. Un demonio así acaba con nuestro presente y kármicamente con nuestro futuro.

Hechizado

Circasia, 2009. Este ha sido el día más oscuro que recuerda Leonor, en el ambiente se siente un espesor que deja un aire frío y genera que su cuerpo tiemble. Camina con mayor rapidez para llegar a su casa, donde sus padres la recibirán con los brazos abiertos como siempre lo han hecho. Un paso, dos pasos y alcanza a escuchar gritos en el fondo; acelera y se encuentra con su padre peleando con su madre y un jarrón roto en la mitad de ambos, tal y como si fuera aquel el florero de Llorente, pues su disputa es por encontrar el culpable de romper una reliquia de la familia.

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La otra

Cite, 1966.

Eduardo vive con María, una relación de compromisos, de amor mutable con un compromiso arraigado por la bendición de Dios y la atadura de 2 hijas. Cada mañana María le da el desayuno, lo atiende, pacientemente soporta los malos tratos, las borracheras de Eduardo y sus ausencias nocturnas. Eduardo por su parte, intenta remediar los daños que hace con alguna que otra caricia, con dinero para la alimentación y con reproches por las faltas de cualidades domésticas de las que carece María. Cada fin de semana es una excusa, un escape. Eduardo ama a María pero debe huir, debe conocer un mundo nuevo, uno que le ofrezca algo más que una vida de hogar familiar.

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Unas por otras

Las familias siempre me han parecido interesantes, no por el gran amor que haya entre ellas, no porque sean el pilar de la sociedad propuesta por la Iglesia Católica y por el ex procurador Ordóñez. Me interesan por ser los lugares donde más problemáticas, más violencia y más conflicto puede haber. Porque tal y como decía mi abuela “En cada familia se cuecen habas”. Y es que precisamente son estas enseñanzas las que hacen que tengamos cariño hacia nuestros familiares, son las experiencias, los recuerdos, todos los momentos que nos hicieron felices.

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