Un grito ahogado

Santander, 2016. Hace un día maravilloso en San Gil, el sol brilla fuertemente y ese olor de la caña recién cortada y la molienda de panela hacen que se sienta en el ambiente un dulzor único de la región. Humberto recorre las calles con la cabeza en alto, tal y como se lo enseñó su padre: pasara lo que pasara siempre la cabeza en alto, aún si su matrimonio estaba destruyéndose poco a poco.

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