Respirar, levantar la cabeza y ver aquel reflejo que me mira con desdén. Es ella. La que siempre estuvo un paso adelante, que hablaba con argumento y peleaba por lo defendible.
En sus ojos veo tristeza, confusión y algo de timidez. Ya no está, ya no es ella. En las calles se escuchan los gritos de aquellos que sí son, que reconocen su reflejo y es similar a lo que un día soñaron ser. Ellos, los lejanos, los que todos ven desde la oscuridad y aplauden, pero que a sus espaldas odian y al mismo tiempo desean ser.
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