Ese ruido constante en el pecho, espero que no lo escuches, no lo percibas, todo está normal.
No, no es mi corazón, es mi culpa.
Es el monstruo de la mentira que carcome desde dentro.
No sé si es un pecado, no sé si es confusión, lo único que tengo claro es que algunas cosas están mejor debajo del colchón.
Para qué herir, para qué lastimar ¡vamos si con una mentira todo se puede tapar!
Pero bien decía el maestro Poe, que fuerte fuerte late el corazón delator, cuando la culpa corroe y desenmaraña lo más profundo de nuestros pensamientos y sentimientos.
No quiero herir, tampoco mentir, el único camino que queda es seguir e intentar sobrevivir.

